El altísimo número de esporas de hongos en Puerto Rico no permite escapatoria, por lo que la única manera de evitar la manifestación de condiciones en pacientes con alergias respiratorias es conocer los momentos pico de la presencia de estos aeroalérgenos, lo que mayormente ocurre en los meses de septiembre a noviembre.

Pero, como es la lluvia lo que promueven que estas esporas se dispersen, en estos momentos la calidad del ambiente está clasificada con el color rojo, lo que quiere decir que está en su nivel más alto.

El micólogo Benjamín Bolaños, quien dirige la estación de aeroalérgenos que mide diariamente las concentraciones de polen y esporas de hongos en el aire de San Juan, explicó que una vez estas partículas están en el aire, la brisa permite que viajen y se dispersen por todo el país.

“La mayoría de los hongos que tenemos en Puerto Rico son de El Yunque”, señaló el catedrático de la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.

Aunque la tentación es pensar que mientras más lejos se esté de esta zona montañosa menos posibilidades habrá de exponerse a las esporas de hongos, la realidad es que su presencia puede ser más alta en Caguas, Ponce y Mayagüez.

“Que el sur sea más seco no quiere decir que tenga menos hongos”, indicó Bolaños, quien destacó que como las partículas son microscópicas, las personas generalmente no son conscientes de su presencia.

De hecho, a veces se cree que las reacciones alérgicas más severas son causadas por el polvo del Sahara cuando la realidad es que hay una correlación entre el asma y las hospitalizaciones por complicaciones respiratorias durante los picos de las esporas de hongos.

“Si hay una temporada de alérgenos que coincide con los síntomas de los pacientes se puede diagnosticar que mucha de esa alergia, de que muchos de esos problemas de asma, sean de tipo alérgico”, identificó Bolaños como la razón principal de la importancia de medir y divulgar los niveles de aeroalérgenos en el ambiente.

Eso permite, además, controlar la condición antes de que se presente, lo que suele ocurrir uno o dos días después de que se detectan altas concentraciones de esporas de hongos.

Un día que puede parecer perfecto para estar al aire libre no es, necesariamente, un buen día para pacientes con alergias respiratorias, mucho menos cuando ese día brillante se transforma en uno lluvioso, como ha ocurrido durante casi todo el verano.

“La lluvia produce una gran cantidad de hongos”, declaró el catedrático. “Hasta el momento llevamos el récord de esporas de hongos en los cinco años que tenemos con esto. Tenemos ya 10 millones de esporas al día de hoy cuando en otros años lo máximo que llegábamos era a siete millones”, expuso. El récord de hongos es de 2008 con 16 millones de esporas, pero se espera que este año se supere esa cifra al final de la temporada, en noviembre.

Como en Puerto Rico se piensa que las alergias son mayormente debidas al polen, las campañas para combatir los problemas respiratorios se intensifican en la primavera, lo que contrasta con las tablas que muestran los niveles elevados de hongos.

“Las concentraciones de hongos no pasan de 50 mil esporas en Norteamérica”, expresó el profesor del Departamento de Microbiología al detallar que en Puerto Rico llegan a 200 mil.

Según el experto, en estudios de 2007 y 2008 se observa que hay un aumento en las visitas a las salas de emergencia que coincide con el pico más alto de reproducción de hongos.

Además de no ser viable encerrarse en la casa durante los periodos pico de los aeroalérgenos, tampoco es útil, si se toma en cuenta que las esporas de hongos penetran el interior de las viviendas con ventilación natural. “El 95 por ciento de ellos está adentro y no hay diferencia con los de afuera; incluso con aire acondicionado de ventana no hay diferencia significativa”, explicó. Lo que sí reduce en un 45 porciento es un purificador de aire de filtro HEPA, sobre todo en las horas de madrugada, que es cuando se liberan más esporas.

Bolaños entiende que es esencial la divulgación de la información que está disponible diariamente a través del portal cibernético del Recinto de Ciencias Médicas.

“Algunos pacientes me escriben diciéndome que les ha cambiado la vida con esta información. Si ellos saben que vamos a estar en una época mala van a estar controlados y se toman los medicamentos”, observó el científico.