¿Todo tiempo pasado fue mejor?
La nostalgia tiene un efecto curioso: tiende a borrar los detalles incómodos y a resaltar solo los momentos felices.

PUBLICIDAD
Idealizamos el pasado. Es así. Nos olvidamos de lo malo y solo recordamos lo bueno. Pensamos en lo maravilloso que solía ser todo cuando éramos jóvenes. Estamos convencidos de que, hoy, la vida ha empeorado.
La nostalgia tiene un efecto curioso: tiende a borrar los detalles incómodos y a resaltar solo los momentos felices. Recordamos la infancia libre, los juegos en la calle, la música de otra época, los precios bajos. Sin embargo, olvidamos que, en ese “mejor pasado”, las oportunidades eran más limitadas, la información estaba restringida y las desigualdades eran mucho más profundas.
Basta con mirar los derechos que hoy disfrutamos para entender que no siempre fue mejor. Hace apenas unas décadas, las mujeres no podían votar, las personas negras eran discriminadas abiertamente y la libertad de expresión estaba coartada en muchos países, incluyendo en Puerto Rico.
Relacionadas
No nos olvidemos de la época de la Ley de la Mordaza, a finales de la década de los cuarenta, en que se consideraba un delito, incluso, poseer y ondear una bandera puertorriqueña. ¿Cómo podemos decir que el pasado fue mejor si estaba lleno de barreras, silencios y exclusiones? Hoy, en cambio, ondear nuestra bandera no solo es un derecho, sino un acto de orgullo cultural. En eso hemos mejorado.
En el ámbito de la salud, la diferencia es aún más clara. Nuestros abuelos vivieron en un mundo donde enfermedades como la viruela, el polio, la tuberculosis o la difteria cobraban millones de almas. La esperanza de vida era mucho menor y una simple infección podía ser mortal. Hoy, gracias a la ciencia y la tecnología, vivimos más y con mejor calidad de vida. Podemos detectar enfermedades antes de que sea tarde, tenemos acceso a tratamientos efectivos y la medicina preventiva es parte de la vida cotidiana.
Otro aspecto que suele olvidarse cuando idealizamos el pasado es el acceso al conocimiento. Antes, aprender dependía de la suerte, del dinero o del lugar donde uno nacía. Hoy, el conocimiento está al alcance de cualquiera con un teléfono y conexión a internet. Podemos leer libros, ver documentales, aprender un idioma o una profesión sin salir de casa. La tecnología, bien utilizada, es una herramienta de aprendizaje extraordinaria. Tenemos acceso a todo el conocimiento del mundo en la punta de nuestros dedos.
Tampoco podemos ignorar los avances que nos facilitan la vida cotidiana. Nos quejamos del exceso de pantallas y redes sociales, pero olvidamos que, hace no tanto, enviar una carta requería semanas de espera y comunicarse a distancia era un lujo. Hoy podemos hablar con alguien al otro lado del mundo en segundos, acceder a información inmediata y trabajar, estudiar o crear desde cualquier lugar.
Y, quizás lo más importante: hoy somos más conscientes. Hablamos de equidad, de inclusión, de diversidad. Sabemos que el planeta está en peligro y que debemos actuar. Cuestionamos estereotipos, atacamos las injusticias y buscamos construir un mundo mejor. Ninguna época pasada tuvo esa mirada colectiva alrededor del planeta.
Entonces, ¿todo tiempo pasado fue mejor? Probablemente no. Quizás lo que extrañamos no es el tiempo, sino la simplicidad de los días, la inocencia perdida, las personas que ya no están o la sensación de seguridad que da mirar hacia atrás. Pero si hablamos de derechos, oportunidades, avances y conciencia social, el presente, con sus retos y sus imperfecciones, nos ofrece mucho más que cualquier ayer idealizado.
No cabe duda de que hay aspectos del pasado que eran mejores, como el tiempo para compartir en familia, la vida más sosegada y el poco apego a lo material.
Lo cierto es que nada es blanco o negro. ¿Qué piensas tú? Es un tema interesante para debatir…
RELACIONADAS
Exdecano y profesor de la Escuela de Comunicación Ferré Rangel de la Universidad del Sagrado Corazón y fundador del movimiento En Buen Español. Experto en comunicación y amante del lenguaje. Conferenciante internacional sobre temas relacionados con el poder de la palabra. Autor del libro 'Habla y redacta en buen español' (2011) y 'En buen español: El libro de las curiosidades de nuestro idioma" (2020). Apasionado de la historia, la educación, la fotografía y el mar. Esposo de Mirté y padre de Sebastián, Alejandro, Mauricio y Mariana (y del perrito Muni Cipio).
En buen español
Tu idioma guarda miles de historias y secretos. En la columna descubrirás las fascinantes curiosidades que esconden nuestras palabras y expresiones.