Reynaldo Núñez Cruz estudió para trabajar como paramédico, pero nunca ejerció ese rol, pues asegura que se enamoró de la Lotería Tradicional y de la gente.

Desde pequeño, el moroveño del barrio San Lorenzo, ayudaba a su abuelo, Julio Cruz Reyes, en la venta de billetes y, poco a poco, se fue envolviendo en un oficio que le genera el sustento diario, además de pasarla bien con todo aquel que llega buscando la suerte.

“Llevo como seis o siete años que la agencia ya está a mi nombre y cerca de 14 años vendiendo billetes. En realidad, lo empecé por ayudar y terminó gustándome estar con las personas mayores; tienen unas historias muy diferentes e inspiradoras. Mi abuelo es testigo”, reveló.

“Mi abuelo siempre fue billetero toda la vida. Yo siempre estuve en ese ambiente y llegó el momento que me dijo que estaba cansa’o. Ahí decidí que nunca iba a dejar el legado porque, en realidad, yo soy paramédico y nunca lo ejercí porque no tuve que hacerlo”, confesó el hombre de 39 años.

Asimismo, relató que siempre le gustó la medicina, ya que su abuela, Carmín Delgado, y su madre, Wanda Cruz Rivera, eran enfermeras.

“La gente veía sangre y se asustaba, pero yo no. Yo quería saber y siempre me gustó esa cuestión de la medicina. Me tiré por paramédico porque en realidad era corto y yo quería empezar a trabajar rápido”, sostuvo el egresado del antiguo Instituto de Banca y Comercio.

“Mi abuelo estaba antes en la carretera PR-155, ahora mismo es frente a una escuela superior en Morovis, había un negocio y mi abuelo era amigo de esa persona y vendía en una esquinita del ‘parking’. Luego, al abrir el expreso PR-137, ahí pidió permiso y se mudó para acá y estuvo muchos años, hasta que me tocó a mí y, gracias a Dios, seguimos ahí”, sostuvo.

De hecho, más que un punto de venta, el espacio que utiliza Reynaldo se ha convertido en un lugar de encuentro.

“Tengo mis dos tablas a donde tengo los billetes; unos que son dupleta y trío, y otros que son enteros. A veces se llena bien brutal porque la gente mayor se encuentra aquí, después de mucho tiempo y se quedan hablando. Además de un puesto a donde buscan la suerte, se convirtió en un lugar de encuentro”, subrayó.

“Es que aquí, la gente se encuentra después de muchos años y empiezan a recordar de cuando jugaban pelota. Estoy a punto de ponerles una mesita de dominó. Soy vendedor, consejero, sicólogo, escucho los problemas de todo el mundo, aquí la gente me cuenta la vida de ellos, hago de todo aquí”, admitió en medio de una carcajada.

Así las cosas, el hombre ha repartido suerte en todo el pueblo, siendo su mayor premio una friolera de $2 millones.

“El (premio) más alto que vendí fue hace como siete años y fueron $2 millones. Eso fue en un sorteo de unas navidades, fue el 7,440 como Juan Luis Guerra. Todavía me acuerdo; fui millonario dos semanas porque lo cargué en el bulto, pero lo vendí. Si me hubiera quedado con el número, fuese millonario”, expresó.

“He vendido desde el segundo, tercer premio, dupletas, que significa que es el mismo billete dos veces. Hay hasta cuatro billetes iguales. De cada billete, salen cuatro iguales y hay gente que se dedica a juntar esos cuatro o para venderlo a una sola persona. Si te pegas en el primer premio, te pegaste dos veces porque tienes el papel doble”, señaló.

De otra parte, mencionó que el 80% de su clientela son adultos mayores de 60 años. “El otro 20% es de personas más jóvenes”.

“Quien gana menos es más desprendido”

“Después que vendí los dos millones, me quedé esperando al que se lo vendí, pero nunca más apareció. Hay poca gente que deja propina. Fíjate, gente que se saca $200 o $300 dólares y dice: ‘Mira, toma $20 para el café’. El que menos gana, es más desprendido”, admitió.

Finalmente, Núñez Cruz insistió en que es feliz vendiendo billetes de Lotería Tradicional.

“Un vendedor de billetes de Lotería Tradicional es ser parte de la historia de Puerto Rico, porque este fue el primer juego que se inventó legalmente. A mí me gusta, porque comparto con muchas personas todos los días”, destacó.

“Yo le llevo ese ánimo a las personas, de que me voy a pegar y voy a echar para adelante, pagar las deudas, o me voy de viaje. Estoy vendiendo sueños a esas personas y eso me gusta. Tarde o temprano, es parte de lo que es servir”, concluyó