Inseparable el drama de su vida

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 17 años.
PUBLICIDAD
La vida de la actriz Lydia Echevarría ha tenido más elementos teatrales fuera de las tablas que en el escenario.
Nacida en la década del 30, Echevarría conoció al productor Luis Vigoreaux a finales de los 50, con quien se casó después de que ambos resolvieran las respectivas novelas que vivían en relaciones sentimentales que aún tenían inconclusas.
Poco tiempo pasó antes de que se convirtieran en una de las parejas más queridas y emblemáticas de la televisión, imagen que se afianzó cuando compartieron la animación del programa familiar “Dale que dale en domingo”.
Pero la felicidad no es eterna y lo que empieza bien a veces termina fatal.
El matrimonio Vigoreaux-Echevarría, que había procreado a Glendaly y a Vanessa, empezó a tener problemas y las noticias de farándula empezaron a publicar intimidades que involucraban a una tercera persona en la vida del productor, la modelo Nydia Castillo.
El drama pudo haber quedado ahí, como en cualquier culebrón mexicano, pero el 17 de enero de 1983 el famoso animador fue encontrado calcinado en el baúl de su Mercedes Benz.
El drama, entonces, adquirió un matiz de tragedia.
Apenas se supo la noticia y aún sin ser enterrado, empezaron a correr los rumores de que la actriz y todavía esposa de Vigoreaux, Lydia Echevarría, estaba involucrada en el fatídico desenlace del padre de sus hijas.
Los detalles de la muerte, que incluían que había sido quemado vivo, avivaron las llamas del morbo y la especulación.
En septiembre de 1984, y después de que se interrogara a varios sospechosos, a la actriz le radicaron cargos por asesinato en primer grado y conspiración.
Más de una vez tuvo que escuchar que le gritaran ¡asesina! la misma mujer que había recibido aplausos de su público.
Después de un proceso judicial que se prolongó por dos años y que incluyó la desestimación de los cargos originales, la reinvestigación del caso, el testimonio con inmunidad de un testigo estrella y el secuestro del jurado, Echevarría fue encontrada culpable el 2 de mayo de 1986 de ordenar el secuestro y asesinato de su esposo.
Fue sentenciada a 208 años de prisión, pero gracias a que el ex gobernador Pedro Rosselló le otorgó un indulto condicionado, abandonó la vida tras los barrotes en enero de 2000.
Enferma, según algunos. Puro teatro, según otros.
En marzo de 2001 volvió a vestir de presidiaria junto a su hija Vanessa, pero para la obra “Confinadas”, lo que marcó su regreso al teatro, ya con 68 años en la espalda.
En los últimos años no ha dejado de actuar. Seguramente su intención era vivir dramas ajenos, ficticios. Pero la tragedia la volvió a tocar. Esta vez con el fruto de sus entrañas.
El martes su hija mayor, Glendaly, se suicidó de un disparo en la cabeza.
En un principio lo negó, pero la realidad no se pudo tapar y resultó ser, otra vez, más dramática que las obras que protagonizó.