La familia de un comerciante asesinado y calcinado en el interior de un auto encontrado en Puerto Nuevo se reunió ayer en la funeraria Ehret, en Río Piedras, para despedirse de Rolando Santín González, a quien describieron como un “excelente padre, abuelo, un trabajador incansable”.

Enrique Grau, cuñado de Santín González, recibió a los medios en la funeraria, donde no se permitió el acceso de la prensa a la capilla donde estaban los allegados.

“Rolando fue un trabajador incansable que dedicó toda su vida a los autos, a los rodeos, trabajó como jefe de almacén, también laboró para una empresa de empanadillas y en la farmacia Marilú. En el restaurante Sabores le iba muy bien”, dijo el empresario Grau.

De acuerdo al comunicador, Santín González fue asesinado en un momento en el que vivía a plenitud su etapa de abuelo. “Estaba dedicado de lleno a su trabajo en el restaurante Sabores, junto a su esposa Maritza Morales. Le encantaban los negocios y les iba bien, y en esta cúspide le tronchan su vida”, subrayó Grau.

Mientras, sostuvo que los parientes de Santín González quisieron permanecer en el anonimato porque temen por su seguridad. A pesar de que Javier Alvarado Virella confesó el asesinato del reconocido comerciante, se entiende que el sujeto actuó con otros “cómplices” que todavía están fugitivos.

Según la pesquisa de la Policía, el maleante le disparó al comerciante en la cabeza, colocó su cuerpo en el baúl de un auto, quemó el vehículo y lo abandonó en el sector Matadero, en Puerto Nuevo.

A Alvarado Virella, quien tenía récord criminal desde el 1993, se le radicaron cargos por asesinato en primer grado, violación a la Ley de Armas y tentativa de asesinato, ya que también impactó con el auto la motora de un policía que lo identificó como el que manejaba el carro de la víctima.

Al comerciante le sobreviven su esposa Maritza, sus hijos Rolando, Sheila y Kristín, y sus nietos Isabela, Sofía y Luis Javier.