El mundo reacciona con cautela a los aranceles “recíprocos” de Trump
Se dejan sentir sus efectos en los distintos mercados.

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BANGKOK. Los nuevos y radicales aranceles anunciados el miércoles por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fueron recibidos inicialmente con reacciones mesuradas de los principales socios comerciales, lo que pone de relieve la falta de apetito por una guerra comercial en toda regla.
Trump presentó los impuestos a la importación, que él llama “aranceles recíprocos” y van del 10% al 49%, en los términos más simples: Estados Unidos haría a sus socios comerciales lo que dijo que ellos habían estado haciendo a Estados Unidos durante décadas.
“Los contribuyentes han sido estafados durante más de 50 años”, dijo. “Pero eso no va a ocurrir nunca más”.
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El presidente prometió que “los empleos y las fábricas volverán rugiendo a nuestro país”. Lo enmarcó no sólo como un asunto económico, sino como una cuestión de seguridad nacional que amenaza “nuestro modo de vida”.
Los mercados financieros se vieron sacudidos, con los futuros de las acciones estadounidenses cayendo hasta un 3% a primera hora del jueves y el mercado de Tokio liderando las pérdidas en Asia. Los precios del petróleo se hundieron más de 2 dólares por barril y el precio del bitcoin cayó un 4.4%.
Nadie quiere una guerra comercial
Poco después del anuncio de Trump, el gobierno británico dijo que Estados Unidos sigue siendo el “aliado más cercano” del Reino Unido.
El secretario de Negocios, Jonathan Reynolds, dijo que el Reino Unido esperaba alcanzar un acuerdo comercial para “mitigar el impacto” de los aranceles del 10% sobre los productos británicos anunciados por Trump.
“Nadie quiere una guerra comercial y nuestra intención sigue siendo asegurar un acuerdo”, dijo Reynolds. “Pero nada está fuera de la mesa y el Gobierno hará todo lo necesario para defender el interés nacional del Reino Unido”.
La primera ministra conservadora italiana, Giorgia Meloni, calificó de “erróneos” los nuevos aranceles del 20% contra la Unión Europea, afirmando que no benefician a ninguna de las partes.
“Haremos todo lo posible para trabajar por un acuerdo con Estados Unidos, con el objetivo de evitar una guerra comercial que inevitablemente debilitaría a Occidente en favor de otros actores globales”, dijo Meloni en un post de Facebook.
El gobierno de Brasil dijo que estaba estudiando la posibilidad de llevar el caso ante la Organización Mundial del Comercio. Y más tarde, en una rara muestra de unidad, el Congreso de Brasil aprobó por unanimidad un proyecto de ley de reciprocidad que permite a su gobierno tomar represalias contra cualquier país o bloque comercial que imponga aranceles a los productos brasileños.
Sin base lógica
Algunos países discreparon de los cálculos de la Casa Blanca.
El primer ministro australiano, Anthony Albanese, dijo que los aranceles estadounidenses impuestos a su país eran totalmente injustificados, pero Australia no tomará represalias.
“El presidente Trump se refirió a aranceles recíprocos. Un arancel recíproco sería cero, no el 10%”, dijo Albanese. Estados Unidos y Australia tienen un acuerdo de libre comercio y Estados Unidos tiene un superávit comercial de 2 a 1 dólares con Australia. “Este no es el acto de un amigo”.
Trump dijo que Estados Unidos compró 3 mil millones de dólares de carne de res australiana el año pasado, pero Australia no aceptaría importaciones de carne de res estadounidense. Albanese dijo que la prohibición de carne cruda de vacuno estadounidense era por razones de bioseguridad.
La imposición de un arancel del 29% a la isla de Norfolk, en el Pacífico Sur, supuso una conmoción. El territorio australiano tiene unos 2,000 habitantes y su economía gira en torno al turismo.
“Que yo sepa, no exportamos nada a Estados Unidos”, declaró el jueves a la AP el administrador de la isla de Norfolk, George Plant, representante del gobierno australiano en la isla. “No cobramos aranceles por nada. Tampoco se me ocurre ninguna barrera no arancelaria que pudiera existir, así que nos estamos rascando la cabeza”.
Nueva Zelanda también discrepó de la lógica arancelaria de Trump.
“No tenemos una tasa arancelaria del 20%”, dijo el ministro de Comercio, Todd McClay, y agregó que Nueva Zelanda era “un régimen arancelario muy bajo” y que la cifra correcta estaba por debajo de la tasa de referencia del 10% aplicada por Estados Unidos a todos los países.
“No vamos a tomar represalias. Eso encarecería los precios para los consumidores neozelandeses y sería inflacionista”, afirmó.
De la última ronda de aranceles se libraron por el momento México y Canadá, por lo que respecta a los bienes que ya cumplían los requisitos de su acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Sin embargo, los aranceles del 25% sobre las importaciones de automóviles, anunciados previamente, estaban programados para entrar en vigor a medianoche.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, dijo el miércoles que esperaría a tomar medidas el jueves, cuando estuviera claro cómo afectaría a México el anuncio de Trump.
“No se trata de que si tú me impones aranceles, yo te voy a imponer aranceles”, dijo el miércoles por la mañana. “Nuestro interés es fortalecer la economía mexicana”.
Canadá había impuesto aranceles de represalia en respuesta a los aranceles del 25% que Trump vinculó al tráfico de fentanilo. La Unión Europea, en respuesta a los aranceles al acero y al aluminio, impuso impuestos a productos estadounidenses por valor de 26,000 millones de euros (28,000 millones de dólares), incluido el bourbon, lo que llevó a Trump a amenazar con un arancel del 200% sobre el alcohol europeo.
Poco que ganar
Mientras Trump leía la lista de países que serían blanco de ataques el miércoles, dijo repetidamente que no los culpaba por las barreras comerciales que impusieron para proteger los negocios de sus propias naciones. " Pero estamos haciendo lo mismo en este momento", dijo.
“Ante la implacable guerra económica, Estados Unidos no puede seguir con una política de rendición económica unilateral”, dijo Trump.
Desde un foro empresarial en India, el presidente chileno, Gabriel Boric, advirtió de que este tipo de medidas, además de causar incertidumbre, desafían las “reglas mutuamente acordadas” y los “principios que rigen el comercio internacional”.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, que ya se ha enfrentado antes a Trump, dijo vía X que los aranceles marcaban un hito mundial: “Hoy ha muerto el neoliberalismo que proclamaba políticas de libre comercio en todo el mundo”.
Los analistas aseguran que poco se gana con una guerra comercial total, ni en Estados Unidos ni en otros países.
“Una vez más, Trump ha puesto a Europa en una encrucijada”, dijo Matteo Villa, analista principal del Instituto de Estudios Políticos Internacionales de Italia.
“Si Trump impone realmente aranceles elevados, Europa tendrá que responder, pero la paradoja es que la UE estaría mejor sin hacer nada”, añadió.
Villa también señaló que las represalias serían sin duda un nuevo “golpe” para Estados Unidos, pero perjudicarían aún más a Europa, ya que el bloque comunitario depende más de las exportaciones a Estados Unidos que viceversa.
“Por otro lado, Trump parece entender sólo el lenguaje de la fuerza, y esto indica la necesidad de una respuesta contundente e inmediata”, dijo Villa. “Probablemente la esperanza, en Bruselas, es que la respuesta sea lo suficientemente fuerte como para inducir a Trump a negociar y, pronto, a dar marcha atrás”.