Si usted tiene problemas para dormir, tal vez deba revisar su dieta. La relación entre alimentación y sueño es un vínculo biológico innegable: ciertos alimentos pueden ayudarle a conciliar el sueño, mientras que otros pueden interrumpir su descanso.

La ciencia demostró que el consumo de determinados ingredientes puede alterar su reloj biológico, retrasar la producción de melatonina y provocar noches de insomnio.

Cafeína como gran enemigo del descanso nocturno

Según el medio BBC, el café, el té negro y las bebidas energéticas contienen cafeína, un potente estimulante que bloquea la acción de la adenosina, un neurotransmisor que induce la somnolencia.

Investigaciones recientes reproducidas por el portal citado revelan que una dosis de cafeína tres horas antes de dormir puede retrasar la producción de melatonina hasta en 40 minutos.

Además, la tolerancia a la cafeína varía según la persona, por lo que algunas personas pueden experimentar alteraciones del sueño incluso si la consumen en la mañana. Si desea mejorar su descanso, limite el consumo de estas bebidas por la tarde y opte por infusiones relajantes como la manzanilla o la valeriana.

Azúcar

Las dietas altas en azúcar, además de afectar la salud metabólica, también intervienen sobre la calidad del sueño. Estudios indican que un consumo elevado de azúcares refinados puede provocar despertares frecuentes durante la noche y una menor duración del sueño profundo.

Este efecto se debe a los picos de glucosa en sangre que generan inestabilidad en los niveles de energía del organismo. Para evitar estas interrupciones, es recomendable moderar el consumo de postres, refrescos y productos ultraprocesados antes de acostarse.

Condimentos

Por otro lado, las comidas condimentadas con chiles, pimienta o mostaza pueden provocar indigestiones y aumentar la temperatura corporal, dos factores que afectan la conciliación del sueño.

Otro estudio demostró que las personas que consumieron alimentos picantes antes de dormir tardaron más en dormirse y experimentaron una disminución en la cantidad total de sueño.

Esto ocurre porque el cuerpo necesita reducir su temperatura interna para facilitar el descanso, y la comida picante interfiere con este proceso.

Por último, y aunque el alcohol puede inducir somnolencia, su efecto sobre el sueño es perjudicial. Durante las primeras horas de la noche, suprime la fase REM, importante para un descanso reparador.

Esto significa que, aunque pueda quedarse dormido rápidamente, la calidad de su sueño será deficiente. Además, puede provocar despertares nocturnos y aumentar la necesidad de orinar, interrumpiendo su ciclo de descanso.

No solo importa lo que come, sino cuándo lo come. Investigaciones sugirieron que el reloj biológico y el “reloj de alimentación” están interconectados.

Comer demasiado tarde puede alterar la producción de melatonina y mantenerlo despierto por más tiempo.

Se recomienda cenar al menos cuatro horas antes de acostarse y mantener horarios regulares de comida para no desincronizar su ritmo circadiano.