Kasey Redfern, exjugador de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, en inglés), falleció a los 35 años tras luchar durante tres años y medio contra una forma poco común de linfoma que afecta el sistema nervioso central.

Redfern, quien se desempeñó como pateador de despeje, murió el martes 13 de octubre, según su esquela. Su esposa, Lauryl Redfern, confirmó al medio California Post que su fallecimiento ocurrió luego de una prolongada batalla contra la enfermedad, diagnosticada en abril de 2023.

“No debería haber vivido tanto como vivió, pero luchó de una manera increíble”, expresó Lauryl al medio. Según relató, su esposo mantuvo una actitud positiva durante el proceso y conservó su fe, con la esperanza de recuperarse.

La carrera deportiva de Redfern comenzó en 2014, cuando firmó como agente libre no seleccionado en el sorteo de jugadores de la NFL con los Jacksonville Jaguars. Posteriormente, formó parte de organizaciones como los Detroit Lions, Atlanta Falcons, Los Angeles Chargers, Carolina Panthers, Cleveland Browns y Dallas Cowboys.

Una lesión de rodilla que su familia describió como devastadora puso fin a su carrera en el fútbol americano. Tras dejar el deporte profesional, Redfern se estableció con su esposa en Spartanburg, Carolina del Sur, donde abrió una cafetería y comenzó a entrenar en un gimnasio local.

La pareja tuvo dos hijos: Logan, nacido en septiembre de 2020, y Oliver, quien llegó en julio de 2022.

Una batalla de tres años y medio

El diagnóstico de linfoma del sistema nervioso central llegó el 27 de abril de 2023. Esta enfermedad poco frecuente puede afectar el cerebro, la médula espinal, el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal, o la zona posterior del ojo.

En una publicación en Facebook el mes pasado, Lauryl informó que su esposo pasaría a recibir cuidados paliativos para priorizar su comodidad. Explicó que durante las semanas anteriores había sufrido caídas, un deterioro significativo de la memoria a corto plazo y episodios repentinos de vómitos.

La esposa atribuyó esos síntomas, según su publicación, al deterioro cognitivo asociado a la neurotoxicidad de los tratamientos recibidos durante los tres años y medio de lucha contra el cáncer.

“Su pobre cerebro ya no puede soportar más tratamientos, así que queremos asegurarnos de que esté lo más cómodo posible”, escribió.

También indicó que, aunque la familia continuaba orando por una recuperación, el deterioro era irreversible, salvo que ocurriera lo que describió como un milagro.

La esquela de Redfern destaca la entereza con la que enfrentó la enfermedad y su compromiso con la familia y la fe. Según el texto, afrontó el cáncer con valentía, esperanza y alegría, apoyado en sus creencias religiosas.

Un legado familiar

La esquela describe a Redfern como un hombre que disfrutó la vida, amó profundamente a su familia y mantuvo una fe firme. Su esposa y sus dos hijos le sobreviven.

Un servicio para celebrar su vida fue programado para el sábado 24 de octubre en Spartanburg, Carolina del Sur.