Durísima la misión de ganar una medalla en una Olimpiada
La propia historia de nuestros atletas olímpicos da fe que ganar una medalla es un acto heroico que trasciende el talento
Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 3 años.
PUBLICIDAD
En unas Olimpiadas, el mayor escenario deportivo del planeta, no solo funciona el talento, la preparación y el deseo. En muchas ocasiones, también intervienen la suerte y otros factores.
Y no, no es que alguien gane por casualidad, por suerte. Hablamos del tipo de suerte de tener tu mejor actuación en el momento preciso, ante el oponente indicado y que el sorteo inicial se acomode para dar espacio a que el competidor pueda ir superando cada obstáculo y elevando su nivel en su camino hacia los metales.
Por eso, no siempre los planes y las proyecciones resultan.
Por ejemplo, para las Olimpiadas Tokio 2020 que arrancan el viernes, se proyecta que la mayor esperanza de Puerto Rico de capturar una medalla por tercera Olimpiada consecutiva lo es la corredora Jasmine Quinn Camacho.
Relacionadas
La atleta de 24 años que ha brillado a nivel de la NCAA ha estado más consistente que nunca, y ha ganado 12 de sus últimas 13 carreras en los 100 metros con vallas. Incluso, en abril hizo el mejor registro del año en ese evento al ganar con tiempo de 12.32 segundos.
Sin embargo, en Londres en el 2012, cuando Javier Culson era considerado como una de las mayores oportunidades borincanas de obtener un oro, y llegó a la Olimpiada con seis carreras ganadas incluyendo cuatro de la Liga Diamante en los 400 metros con vallas, el glorioso ponceño se tuvo que conformar con el bronce al ser superado por el veterano dominicano Félix Sánchez y el estadounidense Michael Tinsley.
En esa olimpiada, además, las proyecciones indicaban que Tommy Ramos en la gimnasia, Franklin Gómez en la lucha y alguno de los boxeadores clasificados, lucían con potencial para subirse a podio, según declaraciones de la época del entonces presidente del COPUR, David Bernier. Cinco boxeadores boricuas -Félix Verdejo, Jeyvier Cintrón, Janthony Ortiz, Francisco Vargas y Enrique Collazo- se clasificaron a Londres.
Sucedió que Verdejo y Cintrón tuvieron las mejores actuaciones del boxeo al terminar en quinta posición en sus respectivas categorías, pero fuera de las medallas; Ramos concluyó en el sexto puesto en las anillas de la gimnasia y Gómez finalizó 15 entre 19 participantes.
El triunfo de Espinal nadie lo vio venir
El campanazo lo dio Jaime Espinal, quien junto a Francisco Soler, completaban el equipo de lucha clasificado. Con oro en los Centroamericanos Mayagüez 2010 y quinto en los Panamericanos Guadalajara 2011, Espinal perdió con Sharif Sharifov, de Azerbaiyán, el combate final, pero se colgó la segunda medalla olímpica de plata de Puerto Rico en su historia y la segunda en la historia para un luchador caribeño.
Ni pensar en Río 2016, donde las proyecciones no mostraban un claro candidato a colgarse uno de los metales. Tal vez Gómez por su experiencia previa lucía con posibilidades.
De hecho, Mónica Puig tuvo una parada en el Brasil Tennis Cup en Florianopolis para participar en un torneo como preparativo para las Olimpiadas. Cayó derrotada en semifinales ante Irina-Camelia Begu, que tenía un nivel de clasificación Mundial similar al de la boricua (31, Puig era 37).
Finalmente, pensando en aspectos de suerte, la misma Quinn-Camacho que ahora luce como nuestra estrella más brillante, se tropezó con una valla en la etapa semifinal de su evento y fue descalificada. Ahogada en llanto, ésta pidió perdón a Puerto Rico una y otra vez por el inesperado desenlace.
La falsa salida de Culson fue descorazonador
De otro lado, Gómez perdió en cuartos de final en una controvertida decisión en la que primero le adjudicaron menos puntos de los correspondientes por una movida realizada y luego puntos suyos le fueron adjudicados al rival, Ikhtiyor Navruzov, de Uzbekistán.
Por eso, hay que tener destreza, preparación, confianza… y una pizca de suerte.