María Soledad Gil aguarda infinitos recuerdos de su padre Osvaldo Gil Bosch en su rol de progenitor disciplinado y protector.

Pero en sus labores como líder deportivo de la isla conserva uno que no olvidará nunca.

“En alguna ocasión viajé con él y con Leti (Leticia López) su esposa. Era mi primer viaje con ellos, que fueron muy pocos los que di, y yo era bien joven. Fuimos a los Juegos Centroamericanos y del Caribe en México, en 1990. Yo tengo plasmada en mi memoria un recuerdo que había una competencia en una piscina. Mi papá tenía la intranquilidad propia de la persona que está viendo que la representante boricua está avanzando y avanzando y avanzando en la competencia dentro de la piscina, está dejando a todas las demás atrás. Y de repente esa intranquilidad se convirtió en algarabía”, contó Gil a Primera Hora el jueves durante las exequias fúnebres de su papá en la Funeraria Carrasco López, en Humacao.

Relacionadas

El miércoles el Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur) le rindió un homenaje en la Casa Olímpica en San Juan.

“Se oía los boricuas gritando y yo miré a mi papá y sus ojos estaban enrojecidos y las lágrimas estaban bajando. Él estaba llorando. Estaba llorando el entrenador que estaba frente a nosotros en el banco. Todos los que estábamos bien cerca estábamos llorando. Era Rita Garay. Acababa de alcanzar una medalla de oro en natación para Puerto Rico. Pude entender por qué mi papá amaba tanto el deporte, prácticamente le dedicó su vida al deporte”, prosiguió.

Osvaldo Gil murió el domingo, a los 92 años, tras una larga batalla contra el cáncer de garganta.
Osvaldo Gil murió el domingo, a los 92 años, tras una larga batalla contra el cáncer de garganta. (Carlos Giusti/Staff)

En esos Juegos, Garay logró tres medallas de oro y tres preseas de plata, convirtiéndose en la boricua más condecorada de dicha justa.

La emoción de Gil Bosch, que falleció el pasado domingo a sus 92 años, era de esperarse, pues en esa competencia fungió como Jefe de Misión de la delegación de Puerto Rico.

Su orgullo por la Manoestrellada era palpable y tema de conversación en la mesa familiar.

Gil Bosch presidió la Federación de Béisbol de Puerto Rico durante 33 años y fue vicepresidente del Copur por 17 años, en los que trabajó junto a Germán Rieckehoff Sampayo. Además, estuvo un año como presidente del ente deportivo más importante del país.

Por sus hijos, Osvaldo Enrique y María Soledad, la administración tampoco tenía fin. Osvaldo, de un lado, se convirtió en ingeniero industrial, y María en abogada, tal cual como su progenitor.

“Se sentía enormemente orgulloso de nosotros, de mi hermano y de mí porque fuimos buenos estudiantes. Él se gozaba tanto cada triunfo de nosotros como estudiantes, y eventualmente los dos nos convertimos en buenos profesionales”, dijo.

Osvaldo Gil Bosch fue presidente de la Federación de Béisbol durante 33 años y presidente del Copur durante uno, y vicepresidente del organismo durante 17 años.
Osvaldo Gil Bosch fue presidente de la Federación de Béisbol durante 33 años y presidente del Copur durante uno, y vicepresidente del organismo durante 17 años. (Archivo / David Villafañe)

Como fue fanático del deporte y sobre todo de la Liga de Béisbol Superior Doble A con la que comenzó una relación como jugador de los Grises de Humacao, Gil Bosch también lo fue de sus retoños, de los que en cada parada en el mundo le hablaba a los particulares, aseguró su hija.

“Mi papá daba muchos viajes a Cuba por razón del béisbol, y después venía haciéndonos los cuentos a nosotros acá de toda la gente, las amistades que él cultivaba allí y las carencias que tenía la gente en Cuba. Y en las historias siempre salía a relucir que ya la gente de Cuba nos conocía a nosotros dos”.

Bosch añadió que los cubanos ya preguntaban por ellos, aun sin conocerlos físicamente.

El sentimiento de fascinación del uno por el otro era recíproco. Su hija contó que el orgullo por su padre creció tras su fallecimiento.

“Yo siempre me sentí orgullosa de él, pero en estos días recientes mi orgullo ha crecido al máximo porque han sido tantas las muestras de afecto, de cariño, las reseñas que ha hecho la prensa, los grandes titulares de impacto, todo destacando su obra. Eso ha sido algo maravilloso para nosotros y eso ha ayudado a que mi orgullo crezca a la máxima potencia”, relató.

“El deporte hay que dejarlo vivo”

Por la gigantesca aportación del “Eterno Presidente” al deporte boricua, María Soledad comprendió la importancia de las disciplinas como herramientas unificadoras de un país.

Así las cosas, instó que, de querer mantener el legado vivo de su padre, impulsen el deporte en todas sus categorías.

“Si quieren seguir honrando a mi papá después de muerto de aquí en adelante, lo mejor que a mí se me ocurría era que cada día haya más papás comprando una bola y un bate para sus hijos. Que cada día haya más papás comprando una raqueta, un guante de boxeo. Que cada día haya más niños matriculados en clases de esgrima, de gimnasia, de natación. Que cada día hayan más canchas y más parques”.

“Que cada día más haya más entidades privadas y gubernamentales dispuestas a invertir en el deporte, en servir de apoyo a toda esa juventud con tanto talento que solo necesita de un una ayudita para desarrollarse en ese sentido”, sentenció la hija, de 63 años.